MÓNICA CEBERIO – 27 MAR 2018 – EL PAÍS

La edad de inicio de las relaciones se reduce, el acceso a la pornografía a través del móvil aumenta y la educación sexual sigue sin estar en el currículum escolar. Chavales y expertos hablan sobre ello.

— ¿Porno? Sí, sí. Claro que forma parte de la educación sexual. A veces es lo único que sabe un chaval de 14.

— Los más pequeños ahora están muy sueltos. Tienen móvil desde muy niños y los de 12 ya ven cosas que nosotros no hemos visto hasta hace un año o así.

— Si no hablas con tus padres o con alguien, ves el porno y piensas: pues el sexo es así.

Un grupo de alumnos de 4º de la ESO del colegio concertado católico Santa María de la Providencia, en Alcalá de Henares (Madrid), se reúnen para hablar de sexo y educación sexual a petición de esta periodista. Tienen 15 y 16 años. Está presente el profesor de Religión, a pesar de lo cual los chicos abordan el tema con una naturalidad sorprendente para alguien 25 años mayor que recuerda una mentalidad muy distinta en lo que antes era segundo de BUP. A la primera pregunta, si quieren hablar por separado chicos y chicas para sentirse más cómodos, responden todos con un “Noooo, juntos mejor, no hay problema”. Y, efectivamente, durante una hora y media debaten de forma muy relajada. Con algunas risitas, pero sin tapujos.

Algunos mencionan experiencias personales y otros prefieren hacer observaciones generales sobre lo que ven en su grupo de amigos o en su entorno. Casi desde el principio surge una idea en la que inciden una y otra vez: a pesar de las apariencias, a pesar de vivir en un mundo hipersexualizado, a pesar de que en Internet te puedes informar sobre cualquier cosa, hace falta más educación sexual. Y desde muy pronto.

Los chavales cada vez se inician antes. La última encuesta de la Sociedad Española de Anticoncepción, de 2016, solo de mujeres, situaba la edad media de la primera relación en los 16,2 años para las menores de 20. Sus madres, las mujeres de 45 a 49, la habían tenido con 19. Sondeos anteriores del equipo Daphne  cifraban en los 16 años el primer coito de chicos y chicas frente a los 17,7 años en 2003.

Estos chicos no se las dan de saberlo todo, al contrario. Quieren que les hablen más claro, que les den más información práctica. Tienen acceso ilimitado a imágenes sexuales explícitas y a un universo de clips de porno que aparecen en la pantalla de su smartphone desde que los algoritmos detectan que les puede interesar el tema, pero reconocen que, paradójicamente, no siempre conocen cuestiones básicas. La educación sexual no está en el currículum escolar y, como mucho, reciben algún taller de dos o tres sesiones en algunos cursos. Y esto, no en todos los centros.

‘Infoxicación’ y vaginoplastias

“Se da mucho lo que en nuestro ámbito llamamos ‘infoxicación”, opina Noemí Sánchez, psicopedagoga, educadora social y asesora sexual que imparte talleres en institutos y atiende por las tardes las dudas de adolescentes y jóvenes de 12 a 35 años en el Centro de Información, Documentación y Asesoramiento Juvenil de la concejalía de juventud del mismo municipio. “Hay muchísima información, pero intoxicada, que desinforma más que informa. Siempre ha habido pornografía, pero no es lo mismo comprar una revista o ver una película de tanto en tanto, como sucedía antes, que tener acceso libre en cualquier momento. Tampoco es lo mismo ir al ordenador, como hace unos años, que tener porno en un móvil que va siempre contigo. Yo no estoy en contra, ojo, pero hay que saber lo que se ve, y los chavales no lo saben. Las chicas creen que la depilación integral es lo natural porque es lo que se ve en las películas”. El porno ha provocado también que muchas prácticas, como el sexo anal, se adelanten.

Sánchez lleva nueve años trabajando en estos temas y a su consulta llegan cada tarde adolescentes con todo tipo de dudas y preocupaciones. “Chicos angustiados porque no duran lo que creen que tienen que durar o porque no tienen un pene enorme. O, lo más reciente y preocupante: chavalas jovencísimas preguntando por cirugía estética genital”.

“Los niños de 12 años están muy sueltos. Ven en sus móviles cosas que nosotros  a esa edad no veíamos”, dice un alumno de 16

A los alumnos del colegio de Alcalá lo de la cirugía no les suena de nada, pero otros educadores dicen haber recibido la misma consulta. Y el problema es global. En Reino Unido se ha publicado recientemente una guía con dibujos sobre las distintas formas que puede tener una vulva para tratar de mostrar a las adolescentes que no hay un único canon de normalidad genital. Más de 200 menores de 18 años británicas, según cifras del servicio de salud público de Reino Unido citadas por la BBC, se sometieron a una labioplastia [una intervención quirúrgica para cambiar la forma o el tamaño de los labios menores o mayores] entre 2015 y 2016. De ellas, más de 150 tenían menos de 15 años. Y en Estados Unidos el fenómeno va en aumento. La depilación integral impulsada por el porno provoca que las chicas se fijen en cada milímetro de su anatomía y que algunas tengan complejos desde que comienzan a mantener relaciones sexuales.

“Me parece importante explicarles lo que es la pornografía”, continúa Sánchez. “No podemos hacer como si no la vieran, porque es hipócrita. Hay que abordarlo y desmontar lo que tienen en la cabeza. Decirles que es una industria y que cada vídeo es un teatrillo. Que el cuerpo de la mujer se tiene que preparar para el coito. Que no todo el sexo es coital. Que aunque el porno muestre otra cosa, la mujer no tiene porqué limitarse a satisfacer los deseos del hombre. Que hay que querer y aceptar el propio cuerpo. En fin, son muchas cosas. Y es complicado, porque soy yo sola frente a lo que han visto durante mucho tiempo, frente a unos estereotipos cada vez más fuertes”.

La polémica de la porno eskola

Hace unos meses se desató una curiosa polémica escolar en Vitoria. El Ayuntamiento becó un proyecto de un ilustrador y una sexóloga que habían creado unas unidades didácticas para explicar la sexualidad a través de la pornografía. Son cuatro unidades con propuestas de actividades que tratan de “reeducar al consumidor de pornografía”, denunciar el sexismo de la industria, destruir sus roles de género y “ofrecer una visión del sexo feminista”. Algunas, para mayores de edad, proponen incluso ver fotos y vídeos explícitos para comentarlos después. La iniciativa, llamada porno eskola, alarmó a una asociación de padres y madres de colegios concertados y los autores decidieron cerrar la web en la que colgaban el material. “No sabíamos si nos iban a denunciar, pero preferimos no tener líos”, señala la autora, Iratxe Gil. “Desde entonces lo facilitamos a quien nos lo pide, y ha habido interés. El porno está ahí y lo ven chavales de nueve años. Hay que enfrentarse a ello. Creo que al final lo que más asustó fue el nombre, lo de ‘porno eskola”.

En el colegio de Alcalá, las chicas dicen que no les gusta el porno. Ellos… que, hombre, que sí, que para qué nos vamos a engañar. “Es que la mujer está sometida y el hombre domina siempre”, lamenta una chica. “Nunca mandan ellas”. “Bueno, yo no veo mal que una chica vea porno, no sé por qué todas habéis saltado diciendo que no lo veis”, dice otra. A continuación se abre un debate sobre la depilación integral. Muchas dicen que es higiénico y necesario porque las mujeres tienen la regla. Otra replica: “Se hace por presión. Si tienes pelos ya te consideran una guarra, eso es así. Y te agobias. Pero la verdad es que es solo estético. Si tú te lavas, no estás sucia. Los chicos no se depilan y no por eso son unos guarros”.

¿Cuándo empezáis a tener relaciones sexuales completas?

— Entre los 14 y los 16 es lo más normal, diría yo. A los 14 vas descubriendo y luego ya… a ello.

— A los 14 no tienes mucha idea. Si lo haces es más por curiosidad o por quedar bien. Yo creo que es mejor esperar. A los 16 sabes más, escuchas experiencias de amigos y aprendes.

— No hay que tener prisa, pero hay veces que te presionan en plan ‘¿todavía eres virgen?’ Si llevas tiempo con tu novio te llaman estrecha si quieres esperar un poco o le dicen a él que ya le vale a su novia, que ya es hora.

— Y si eres chica y te lías con varios, eres una puta, claro.

— A los chicos también nos etiquetan. Si no estás con nadie te llaman “pringao” o “maricón perdido”.

Homofobia y respeto a la diversidad sexual

¿Hay mucha homofobia?

— Yo no he visto tratar mal a nadie, pero esos comentarios se oyen.

— Aunque también está como de moda decir que eres bisexual. Sobre todo en el mundillo más perroflauta, más inconformista.

No es raro que en talleres de este tipo algunos alumnos pregunten con naturalidad cosas como qué tienen que hacer dos chicos o dos chicas para mantener sexo oral seguro entre ellos.

“La evolución de este tema es curiosa”, reflexiona Sánchez. “Por un lado hay mucho respeto a la diversidad sexual y gente muy activista pero por otro aún existe mucha homofobia. Creo que contribuye a ello que la gente mezcla conceptos como sexo, género, identidad sexual y orientación sexual. También veo un retroceso en la igualdad en las relaciones heterosexuales. A veces me encuentro patrones que son como los de hace 50 años, muy machistas”.

Ana Mejía, psicóloga, y María de los Ángeles Gil, enfermera, llevan los talleres sobre sexualidad para colegios e institutos de Alcalá de Henares del área de salud, el que han recibido estos chicos. Los ofrecen para tercero y cuarto de la ESO (14 y 15 años) y, desde hace unos años, también para sexto de primaria (11). “Vimos que era necesario empezar antes porque los chavales empiezan a recibir mucha información muy pronto y hay que ayudarlos a filtrarla”, señala Mejía. “Vivimos en la paradoja de criar chicos inmaduros, hiperprotegidos, pero que por otro lado tienen un acceso ilimitado a la pornografía y al sexo desde muy pequeños. Sucede en todos los entornos sociales”.

Saber todo y nada

“Hay chavales que se van de excursión en primero de la ESO y meten preservativos en la mochila por si acaso”, añade Gil. “La vacuna del papiloma humano se ha tenido que ir adelantando porque se veía que las chicas ya habían tenido relaciones sexuales cuando se la ponían. Por otro lado, parece que lo saben todo pero luego hay niñas que no saben que tienen clítoris, que la vagina no es por donde sale el pis o que piensan que con la regla no pueden hacer nada. Es curioso que pregunten por tríos o sexo con animales y que sin embargo no sepan cómo funciona un támpax. En los talleres muestran mucho interés y tratamos de responderlo todo. No se deben dejar preguntas sin respuesta. Y es básico hablar también de la parte afectiva. Insistimos mucho en que solo tengan relaciones cuando quieran, donde quieran y con quien quieran”.

De los 31 colegios públicos que hay en el municipio, solo un tercio les pide que lleven a cabo los talleres. Lo mismo pasa en el resto del país: más allá de la reproducción, que se estudia en ciencias naturales, depende de cada centro que haya algún taller de educación sexual o no. En algunos no se da nada. Y, cuando se hacen algunas sesiones, los propios chicos dicen que es insuficiente, que querrían más.

Los expertos coinciden en tres pilares necesarios para avanzar: que los profesionales estén formados en educación afectivo-sexual, la implicación de los padres y el colegio, y que esta materia forme parte del currículo desde la infancia, como en países como Holanda o Suecia. Que no sea cada centro educativo el que decide si le dedica tiempo o no.

“Hace falta una educación sexual organizada, estructurada, científica”, defiende Juan Madrid, director del Centro Madrid Salud Joven. “Hay que hablar de ello mucho antes. Comenzar a los 14 o 15 años, cuando ya han construido las relaciones y los estereotipos de género, no tiene sentido. Hay que subrayar, además, que no hay una política de salud dirigida a la adolescencia. Al adolescente no le atiende nadie. Los pediatras como mucho llegan hasta los 14 años, y los médicos de familia no les hacen mucho caso. Están bastante abandonados y no se tiene en cuenta que la mayoría de los problemas, enfermedades de transmisión sexual, embarazos no deseados y abortos son evitables”.

“El porno lo condiciona todo”, opina una experta. “Las chicas van con depilación integral porque es lo que se ve en las películas y hay algunas que incluso preguntan por cirugía estética genital con 15 o 16 años”

El Centro Madrid Salud Joven ofrece talleres de sexualidad a colegios e institutos del distrito centro de la capital. Pero, de nuevo, muchos no lo piden. La Ley de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo, de 2010, que estableció un sistema de plazos para abortar, obligaba en su artículo 9 a que la formación en salud sexual y reproductiva se incorporara al sistema educativo, pero esto jamás se ha llevado a cabo.

El pasado lunes uno de estos cursos reunió a un grupo de primero de Bachillerato de un instituto público madrileño. Son 26 chicos de 16 a 18 años. Igual que en el otro cole, dicen que un mayor respeto a la diversidad sexual convive con una cierta homofobia, y que la desigualdad entre chicos y chicas está ahí. “La verdad es que nosotras mismas nos machacamos diciendo cosas como ‘esta es una guarra que se abre de piernas a la primera”, se queja una chica. “Esto no debería ser así. Míralos a ellos, que se dicen ‘ole ahí, eres el puto amo”.

Solo seis han ido alguna vez a un centro para hacer consultas sobre sexualidad a pesar de que también reconocen que no tienen tanta información como querrían. “Hay gente que no usa condones porque no sabe dónde conseguirlos y le da vergüenza ir a la farmacia”, dice una chica. Algunos han hecho la ESO en el mismo instituto, pero otros vienen de otros centros. “Yo he estudiado en un colegio de monjas y a mí nadie me ha hablado nunca de esto”, se queja una adolescente de larga melena. Juan Madrid propone a una chica y a dos chicos, por separado, dibujar una vulva con todas sus partes. Los tres superan la prueba razonablemente bien.

“Queremos fuentes fiables”

Igual que los chavales del otro grupo, todos piden que se les hable de sexo más y sin tapujos, y que haya más espacios en los que puedan plantear sus dudas. Dicen que quieren “fuentes fiables”.

— Hay chicas que toman la píldora del día después sin conocer sus efectos secundarios, sin saber que no es un método anticonceptivo que puedan usar todo el rato. Una amiga mía tuvo problemas con eso, dice uno de los alumnos de Alcalá.

¿Hay mucho sexo sin protección?

— Pues sí, la verdad es que sí. O sea, no siempre. Pero, sobre todo cuando has bebido, no tienes muy presentes los riesgos. Aunque los conozcas, no estás muy mentalizado.

— Hay que hablar de todo. De sentimientos, de machismo, de buen trato y tal. Pero también de lo otro. Que nos enseñen a poner un condón, que nos digan qué hacer si se rompe, que nos hablen no solo de sexo heterosexual sino también chico-chico y chica-chica. Y deberían hacer los talleres antes para que los más pequeños empiecen a hacer las cosas bien desde el principio.

¿Qué tendría que saber un chaval o chavala de 12?

—Que no tiene que darse prisa. Que cuando lo haga sea con alguien con quien tenga confianza. Que no lo haga por presión. Que no presione nunca a la otra persona. Y deberían explicarle cómo hacerlo de forma segura, qué puede ocurrir si se despista y qué tiene que hacer en ese caso.

— ­A los padres les diría que no se corten. A mí me habría gustado hablar más con ellos. Pero no en plan que con 15 años te digan ‘tenemos que hablar’, como conversación solemne. En ese momento ya ni te vale y además da vergüenza. Si se trata con naturalidad siempre, yo creo que es mejor. El padre de una chica de la clase, que es médico, vino un día y nos habló de todo de forma clara. La verdad es que estuvo genial.

¿Entonces os gustaría hablar más de sexo en clase y en casa?

En ambos grupos responden al unísono: ¡Sí!

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